Funky Hits: los cancioneros de inglés que Lima olvidó en el jirón Carabaya

Corría el año 1976, no tan rápido como hoy pasan los acelerados días de 2017, cuando Rubén Navia y Bernabé Jara se conocieron. Eran tiempos de John Travolta y los Bee Gees, y las radioemisoras capitalinas del mundo se preparaban para lo que sería la cima de la moda de los pantalones de campana, las camisas de cuello en “V” y las casacas de cuero color negro: la fiebre de sábado por la noche (ah-ah-ah-ah, estiben a-lán , estiben a-lán. Ah-ah-ah-ah, estiben alaaaán).

Un joven Rubén Navia iniciaba su carrera de Contabilidad en la Universidad Nacional Villareal y buscaba la forma de aprender el idioma del Tío Sam de una manera más divertida; Bernabé Jara - algunos años mayor y estudiante de la Universidad Nacional de Ingeniería- estaba por terminar su curso de inglés y solo pensaba en seguir intentando transcribir los hits en inglés de la manera más fiel que podía: pegando la oreja, literalmente, al parlante de su walkman Sony.

A Rubén y Bernabé (o Robin y Timo, respectivamente) los unió el inglés y, quizás sea por ello que decidieron continuar su gusto por difundir el idioma extranjero formando una sociedad comercial.

Rubén Nieva, uno fundadores del cancionero Funky Hits.

“A Bernabé lo conocí en la cafetería del ICPNA y él ya había sacado un panfleto en esténcil que entregaba a todos, y que eran letras de canciones en inglés” - recuerda Robin-. “Y así surgió todo. Dos personas escuchan mejor que una, nos decíamos”.

Ambos hicieron de su amistad y su gusto por la música en inglés una forma de montar una empresa de cancioneros. Para el momento de la fundación , con olfato marquetero clásico, cayeron en cuenta que transcribir las letras de las canciones de los últimos éxitos de la música en inglés podía ayudar a los estudiantes del ICPNA -donde aún estudiaban- a asimilar más rápido el idioma. Por lo menos así sucedió con ellos, y de esa manera decidieron comenzar.

Los primeros pasos: Funky Hits, la creación

Primero fue Funky Hits , intento que inició como una versión de los famosos cancioneros Songs Hits , que en su mayoría eran muy difíciles de conseguir y que poseían quienes recibían las encomiendas de algún familiar en los Estados Unidos. Como el hermano de Rubén y el papá de Bernabé, por ejemplo.

“Primero hicimos muchos borradores en esténcil para ver si funcionaba nuestra idea, sin ponerle ningún nombre a las hojas (…) Pero el nombre oficial de Funky Hits nace por la canción Play that funky music [Rubén la canta cuando la nombra] de un grupo norteamericano llamado Wild Cherry.”, comenta, como retrocediendo en el tiempo, el contador de la Villareal.

Rubén pasaba por la Plaza de Acho los fines de semana para llegar hasta San Juan de Lurigancho, el populoso distrito que apenas cumplía 11 años de fundación en 1977. En aquel distrito de Lima este lo esperaba Timo junto a la máquina de imprenta básica que su papá le había conseguido para emprender su negocio. Eran los primeros números de Funky Hits y tenían que iniciarlos con la icónica foto del álbum Abbey Road de The Beatles (sus 5 integrantes caminando por la cebra peatonal en portada y contraportada, claro está, a full color...tres al menos).

Una de las primeras versiones del cancionero Funky Hits

 

Robin recuerda que las primeras versiones presentaban «crasos errores» fonéticos y ortográficos, -declaración a la que un millennial podría graficar con un emoji de sorpresa-. En un tiempo, afanosos de corregir dichos yerros, acudieron a un pastor de la iglesia evangélica de origen norteamericano que Timo conocía para que revisara sus transcripciones. La corrección y el tiempo por llegar a la imprenta semanalmente eran sus complicaciones principales como empresarios.

Funky Hits logró ganarse un generoso espacio seguro en los jóvenes de la reciente clase media limeña, a pesar de tanto pero. Fruto de ese mediano éxito, en 1979, llegó a formase el Funky Club que se inauguró con una reunión llena de bocaditos, tragos escondidos y lo mejor de la música en inglés de ese momento.  (ah-ah-ah-ah, estiben a-lán , estiben a-lán. Ah-ah-ah-ah, estiben alaaaán y otros éxitos inmortalizados por el carisma de Olivia Newton John)

La racha los acompañó por mucho más tiempo. Llegaron a tener un Funky Guitarra, publicación que abrió sus puertas a las canciones con acordes y letras en español, pero no por ello dejaron de llegar las críticas por las notas erróneas que colocaban.

Sin embargo, como quien desconecta inesperadamente la música en una fiesta, Bernabé Jara decidió ponerle fin a la sociedad que había iniciado con Rubén, y no fue por los errores de sus cancioneros. Timo dijo que no podía más con el Perú en el que vivía y se fue a los Estados Unidos, cansado del miedo ascendente del terrorismo y de la zozobra del entrante gobierno de Alberto Fujimori.

Bernabé se fue y no le dejó tiempo a Rubén de planificar nada. Se marchó como una paloma que escapa desorientada tras el eco de un ¡bum! de alguna explosión, sin saber muy bien qué le deparaba después, quizás como sucedía con los que se quedaban entre apagones, caos, corrupción, que fue la música de fondo de los noventa en el Perú y que ya no lograron colocar Robin y Timo en algún cancionero, al menos juntos.

Según cifras de un informe de movimiento poblacional del INEI, desde 1990 a 2011 emigraron más de 2 millones peruanos al exterior. Rubén Nieva decidió quedarse como muchos peruanos lo hicieron por esos años. Le hizo frente a todos los miedos que el Perú le presentaba en la calle, en la radio y en la televisión a través de una gran cuota de incertidumbre y amor por la tierra y familia que lo vio nacer.

“En 1991 Bernabé Jara no aguantó más los coches bomba, el terrorismo, apagones y la desconfianza del gobierno y dijo que no iba más. Me dijo que si gustaba podía quedarme con el negocio, y aunque intentó persuadirme, le dije que yo apostaba por quedarme y eso hice fundando String Along”, recuerda Rubén sin poder sostener la mirada.

Rubén Nieva frente a su colección de revistas que fundó, muchas de ellas junto a su amigo Bernabé Jara.

A los meses del viaje de Bernabé, Robin fundó la revista de canciones con notas en inglés String Along. Aquella publicación representaba lo que podía hacer por lo que le apasionaba, y es por ella que recuerda parte de su vida cuando conversa. Las revistas String Along  fueron conocidas en Lima como los «libritos» que todo aprendiz de guitarra en los 90 debía tener, y se conseguían en los quioscos cercanos a la Plaza San Martín o la avenida Abancay.

A pesar del esfuerzo de Rubén, el negocio no dio buenos frutos y siguió siendo criticada por sus errores en las notas. Robin se hizo de algunos amigos que frecuentaban el local cuando trabajaba con Timo y con ellos se enfocó a realizar trabajos para el Conservatorio de Música, pues String Along fue enterrada por la ingente cantidad de información musical que llegó con el internet y el despertar de los cimientos de esta sociedad.

El local de String Along se encuentra en jr Carabaya 618 int 107 , en el centro de Lima, en un antiguo edificio en el que comparten lugar con negocios de conciliación familiar y ayuda judicial. Rubén abre a partir del mediodía porque alterna su empresa con sus consultorías contables. Cada viernes de la semana se reúne con sus amigos para que la música, aunque la escasez, no deje de sonar o al menos así lo intentan.

 

Algunas fotos

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